En las entradas referidas a Camboya mencionaba que era preciso conocer la historia reciente del país para tratar de comprender mejor a sus habitantes. Pues bien, lo que sucede en Birmania es que el drama no ha terminado aún. Sigue ahí. Ahora. Por eso me gustaría usar esta entrada para dos cosas. En primer lugar, para recomendar a todo el mundo que visite este país. Es una experiencia única, mucho más auténtica que cualquier paquete turístico asiático. Los templos de Bagan están a la altura de Angkor, y las playas y hoteles de Ngapali a la altura de Tailandia. Y la gente humilde es realmente encantadora, entrañable, sobre todo teniendo en cuanta su situación. Sólo por eso vale la pena hacer el viaje. Birmania es un país gobernado por una Junta Militar desde 1962 y hasta hace unos años los opositores al régimen, encabezados por la Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyy, recomendaban no visitar el país como medida de presión ante los militares. Esa opinión está cambiando. La extensión de la presencia de turistas contribuye a frenar mínimamente las represiones de los militares sobre sus habitantes y a dar a conocer al mundo la situación. Además, el dinero que el visitante gasta en los establecimientos locales ayuda a su población a sobrevivir. La segunda intención de esta entrada es informar y ofrecer algunos consejos actualizados. Viajar a Birmania NO es peligroso, nadie te va a encarcelar. Pero es una pena hacerlo con un paquete contratado desde España.
Comienzo por hablar de la situación política y social. Como decía anteriormente, una Junta Militar gobierna el país desde hace más de 40 años. Los intentos por llevar a cabo la transición de un modelo que en los años 60 era una vía al socialismo y hoy ya no se sabe qué es a la democracia, han sido abruptamente frenados. Las protestas de 1988 se saldaron con disparos a los manifestantes y 3000 muertos; las elecciones de 1990, en las que venció la oposición, el partido de Suu Kyi con un 82% de los votos, fueron anuladas y los dirigentes de la oposición encarcelados —se especula con que fueron sólo una maquiavélica maniobra de los militares para sacar así a la luz a sus opositores y encarcelarlos—; las manifestaciones de 2007, promovidas por los monjes budistas, también fueron fuertemente reprimidas. Los militares han perpetrado en todos estos años muchos crímenes, entre ellos obligar a trabajos forzados a la población o repugnantes episodios de violaciones. Dejo aquí un enlace a un artículo sobrecogedor publicado en 2006 en El Mundo. Es cierto que las cosas parece que se suavizan ligeramente. Hace unos meses, la Junta Militar, liderada por el radical general Than Shwe, permitió que se celebraran elecciones. De hecho, en estos momentos preside el país un nuevo gobierno, formado por dirigentes del partido satélite a los militares. Pero tampoco hay que engañarse, las elecciones fueron una farsa. El partido de la oposición, la LND de Suu Kyi fue ilegalizado previamente y sus miembros amenazados o encarcelados. No pudo presentarse. Por otro lado, los militares establecieron por decreto apropiarse de un 25% de los escaños. El recuento final dio un 92% de los votos a los militares. Todo sigue igual, en realidad. Birmania es hoy un país aislado de occidente —EE.UU y la UE decretaron un embargo comercial en 1996 que aún sigue vigente— en el cual los dirigentes políticos de la oposición son perseguidos y han de hacer auténticos equilibrios para liderar un cambio y no ir a la cárcel por ello. Las propias palabras de Suu Kye expresan perfectamente la situación.
“No es el poder que corrompe sino el miedo. El miedo de perder el poder corrompe a los que lo tienen, y el miedo del abuso del poder corrompe a los que viven bajo su yugo.”
Suu Kye fue recientemente liberada el pasado noviembre de la pena de arresto domiciliario a la que llevaba condenada, en distintas fases, 16 de los últimos 21 años. Hija de Aung San, héroe nacional de la independencia birmana, “la Mandela de Birmania” es una figura tan respetada dentro y fuera de Birmania por su lucha a favor de la democracia, y por la que recibió el Nobel de la Paz en 1991, que los militares no pueden ir más allá de inmovilizarla en su domicilio para tratar de frenar su actividad. La Junta Militar ha tratado de liberarse de ella a través de invitaciones de exilio y jugando con el acoso psicológico. En 1999 su marido, el británico Michael Aris, murió de cáncer de próstata sin poder volver a ver a su mujer, que se mantuvo esperando el visado para viajar a Londres que el gobierno birmano nunca le concedió. Otro capítulo similar sucedió en abril de 1999 cuando a su hijo menor, Kim Htein Lin, sólo se le permitió reunirse con su madre por unas horas en el aeropuerto de Yangon. Suu Kye ha escrito varios libros sobre la situación en Birmania como “Cartas desde Birmania”; “Libres del miedo y otros escritos” o “Voces de Esperanza”. Galardonada con múltiples premios, recibe el apoyo de múltiples organizaciones, desde pequeños blogs personales a grandes organizaciones como Amnistía Internacional. Para saber un poco más, dejo aquí algunos enlaces sobre ella y blogs que tratan sobre la situación en Birmania.
Información sobre Suu Kye;Blog Birmania Libre; Solidaridad con Birmania;
El sistema económico de Birmania oscila entre el surrealismo y la tragedia. Sin un modelo que guíe las directrices económicas Birmania hoy es, más que nada, un satélite de China, que poco a poco va haciéndose con la mayor parte del país y recompensando así a sus gobernantes. Birmania es un país rico en recursos naturales —madera, piedras preciosas, gas— que, sin embargo, refleja unas estadísticas de pobreza y mortalidad infantil de las peores del mundo. Como otra más de las extrañas paradojas de las relaciones internacionales, Birmania sufre un embargo por parte de la mayor parte de los gobiernos occidentales, con quien, dicho sea de paso, apenas comercia. Sus principales relaciones están en Asia. Y Japón, Tailandia, India o Sri Lanka, además de China, no tienen ningún problema en negociar con los militares. Un ejemplo surrealista: pregunté a varios birmanos cómo se hacía en su país, ya que no hay bancos y el sistema de propiedad no es muy claro, para comprar una casa. Obviamente, no era un tema que estuviera entre sus preocupaciones. “Ni idea. Bueno, supongo que sí, haría lo que tú dices, llevar el dinero en bolsas”. Pero en realidad poco importa el cómo. Nadie se lo plantea cuando apenas se tiene para llegar a final de mes con un trabajo medianamente digno.
Y ahora algunos consejos de viaje. Espero que sean suficientes para convencer a quien le interese viajar a Birmania que no necesita un paquete organizado. Además, estos paquetes están repletos de grupos de jubilados.
1) Dinero: Como decía en la entrada anterior, en Birmania no existe la posibilidad de pagar con VISA y la única forma de cambiar moneda es en establecimientos orientados a turistas o en el mercado negro. Por tanto, es preciso llevar USD en efectivo suficientes para todo el viaje o pagar un paquete por adelantado.
2) Viajar por libre: Cuanto más viaje uno por su cuenta, menos dinero recibirá el gobierno y más los birmanos. Pero no es fácil, exige más tiempo. Un desplazamiento en tren o en autobús, lo más barato, entre Yangon y Mandalay, por ejemplo, está en torno a las 15 horas de viaje. Un coche privado o con conductor es bastante más caro, unos 100 USD / día. Los billetes de avión, hay 2 compañías semiprivadas, están en torno a los 80€ por trayecto pero no se pueden comprar por Internet, sólo a través de agencias. Conviene tener el billete de salida comprado, yo no lo tenía y fue un engorro muy caro conseguirlo. Una forma de organizar un viaje por libre es pasando un par de días en Yangon al llegar y visitando alguna agencia turística para comprar únicamente el transporte. El alojamiento no es difícil de gestionar por cuenta propia. Se obtienen, además, mejores precios y sin intermediarios.
3) Seguridad: En Birmania los extranjeros no tienen ningún problema, sólo se somete a los birmanos. Aunque no lo vas a ver. Y si alguien pretende hacer cualquier tipo de activismo político, que lo haga desde el exterior. Hay zonas remotas de Birmania por las que no se puede transitar fácilmente, pero las zonas turísticas son totalmente accesibles.
4) Establecimientos locales: comer en los restaurantes de los hoteles o comprar en sus tiendas significa pagar precios occidentales. Basta con salir y buscar algún lugar local. Los pescadores de Ngapali Beach te ofrecen langostas vivas acabadas de pescar por 10€, en el hotel cuestan 70€.
5) Comunicaciones: los teléfonos no funcionan en Birmania. Hay acceso a Internet, muy lento, en cafés de Internet y en algún hotel. Está censurado, pero los birmanos saben cómo saltarse las censuras.
6) Visados y aduanas: Hay que tenerlo hecho, actualmente NO se puede hacer en la llegada al aeropuerto de Yangon como sucede en Camboya o Laos. El visado debe especificar los días con un límite de 30 y se te pregunta sobre los sitios a visitar. Obviamente se ha de decir que se van a visitar sólo los clásicos sitios turísticos. Yo no aconsejaría entrar por tierra, para evitar estafas. Ya no hay ningún problema en entrar ordenadores.









