Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Tailandia’ Category

Casi todo en Tailandia fue. Me refiero a que el destino paradisíaco de aguas cristalinas e islas salvajes, de pescadores y vendedoras de fruta —gente amable que recibía con una sonrisa al extraño, gente fácil y sin complejos, gente alegre—, ese destino donde uno podía escaparse del mundo, el mundo de “La Playa” o de otras novelas similares, todo eso, lamentablemente, forma parte ya del pasado. Hoy Tailandia es un lugar de turismo de masas, y funciona como tal. Como España, por otro lado, y eso no significa que sea malo. Simplemente es diferente. Sigue habiendo aguas cristalina y playas de arena blanca, sigue habiendo magnífica gente, sigue habiendo Bangkok y sus particulares incondicionales y siguen habiendo mochileros, habitaciones a 5€ y paisajes entre los resorts. Pero exige un poco más de esfuerzo encontrar el paisaje de película. Como España.

¿Y cómo hacerlo? Lo primero es no ir nunca en temporada alta (diciembre-enero) como yo. Las guías lo recomiendan porque el clima es benigno, y lo es, muy agradable (también está más veces nublado, es invierno). Pero esa recomendación tiene un efecto perverso porque todo el mundo anglosajón la sigue (hay vuelos directos desde Australia, UK y USA muy baratos) con lo que todo está a reventar y los precios suben (de forma escandalosa en Navidad). Otra regla básica es tratar de buscar lugares que no aparezcan en los folletos de las agencias, o buscar rincones apartados en ésos lugares turísticos si no puedes evitarlo. En Tailandia los extranjeros se suelen agrupar como ovejas y las islas son pequeñas, no es un problema estar algo aislado, es una bendición. También es conveniente evitar todo lo que suene a mochilero (no es así en otros países de su entorno donde hay fantásticos enclaves de mochileros) ya que normalmente equivale a “guarro”. Entre los lugares en que hemos estado, yo me quedo con Ko Tao, como lugar más auténtico y con Khao Lak como lugar para familias. Y de Chiang Mai decir que bien vale el desplazamiento.

Dicho todo lo anterior, creo que es justo añadir que el incremento del turismo también tiene sus ventajas para el que visita Tailandia. En primer lugar es un país con una excelente red de transportes y a muy buen precio (más allá de los inconvenientes “organizativos” y de los piratillas, más allá de que los taxistas de Bangkok por la noche te pongan ellos el precio y si no, ahí te quedas). Tanto sea por carretera (con diferencia las mejores de todo el sudeste asiático), como por barco o por avión, los precios son extremadamente baratos y los tiempos muy razonables. Otra de las ventajas del desarrollo turístico es la competencia en precios, que sigue haciendo de Tailandia un país muy barato para viajar en comparación con su desarrollo económico. Laos o Camboya son más baratos incluso, pero no tiene nada que ver un viaje en autobús en Tailandia con uno en Laos (aunque sea más divertido). Y los billetes de avión cuestan mucho más en estos países. Otra ventaja es que realmente tienes todas las posibilidades de ocio que quieras, desde los parques acuáticos más aburridos a los bares más sórdidos, vayas con la familia o seas un desecho, tienes tu lugar en Tailandia. Todo el mundo disfruta, cada uno a su manera. Yo lo he hecho y Dani también, nos lo hemos pasado en grande yendo de un lado para otro. Desde el shopping en Bangkok al quad de Ko Tao, desde los clubs para tailandeses de Phuket al exceso de bebedores de “bucket” de Ko Phangan, desde las mujeres jirafa de Tha Ton a las mujeres pantera de los bares de noche, desde “la Playa” al mercado nocturno de Chiang Mai, desde los cuchitriles a los bangalows en la orilla . Un viaje que recordaremos. “Same, same. But different”: Tailandia.

 

Read Full Post »

Vuelvo a tener problemas de censura, esta vez en Birmania, donde acceder a WordPress parece que es un peligro. No lo creo. Después de casi 50 años de dictadura militar, trabajos forzados, encarcelamientos, y unas elecciones perdidas y no aceptadas (1.990) con un saldo de 3.000 muertos, este país ha perdido cualquier esperanza de otro sistema. Ayer mismo, trataba de pulsar la opinión de los camareros y servicio de mi hotel (gente muy joven) con el ejemplo de Egipto pero sólo conseguí un “ojalá pasara aquí”. Nadie tiene fuerzas ya. Quizás lo único que les queda es que el incremento del turismo abra el país a los ojos del mundo. Por eso, os aconsejo que visitéis este país, con una gente y unos paisajes increíbles, que no merecen este sinsentido.

Y ahora el blog.

Cuando uno llega a Khao Lak y en la recepción de tu alojamiento te reciben con una sonrisa, entras en el bungalow y todo está impecable: maderas y piedra oscura por 30USD, baldosa y aspecto de hotel por 20USD, agua caliente de verdad, almohadas cómodas… lo primero que te viene a la cabeza es que hay algo que falla. Y al encontrarte con el apellido del dueño del complejo lo entiendes todo. Khao Lak no es tailandés, es alemán.

Khao Lak sufrió duramente el tsunami de 2004, que destruyó prácticamente la totalidad del alojamiento cercano a la playa. Pero, y en un ejemplo de reconstrucción ordenada, hoy en día está prácticamente recuperado y enfocado a un turismo de familia o parejas y buceadores, con alojamiento de calidad a precios moderados y algunos complejos de lujo, los mejores en toda la parte este de Tailandia y comparables a los de Phuket. Yo pagué 30 € un par de días por un bungalow con acceso a la playa, exquisitamente decorado por dentro y rodeado de palmeras y vegetación, donde por la noche se oían grillos y ranas. Muy bucólico. Luego me fui a otro más acorde con mi presupuesto. El pueblo se extiende a lo largo de la carretera, donde se sitúan los comercios, muy cuidados, con bancos, supermercados, tiendas de ropa y restaurantes. Y entre medio de ellos, los puestos de buceo, como unos 20 distintos. Porque la gran atracción de Khao Lak, además de su extensa playa de color bronce salpicada de hamacas entre las palmeras, es el buceo en las Islas Similan. Cualquiera de los centros de buceo organiza excursiones a las Islas, 9 en total, 70 km mar adentro, a las que te llevan en lanchas rápidas perfectamente equipadas. No es barato, un día de excursión supone unos 70 €, sacarse el título unos 300€, pero el paisaje es magnífico. Playas solitarias y rocas de granito, bosque húmedo, corales y tortugas. Si uno decide ir, lo mejor es pasar la noche en alguno de los barcos y volver al día siguiente. Es más caro pero uno tiene la oportunidad de bañarse en las playas y disfrutar un poco más del entorno. En las excursiones de buceo en el mismo día, debido a la distancia con tierra, no queda tiempo para ir a la playa. En mi caso, yo terminé allí mi certificación de buceo, que la tenía a medias desde 2004. Y, además de muchos peces de colores, vi un tiburón, un banco de atunes, dos morenas y una tortuga. Vale la pena.

En definitiva, que si buscas un lugar donde relajarte unos días tomando daikiris y viendo la puesta de sol en una playa de varios kilómetros, a un precio razonable, sin prisas ni agobios, sin trileros ni recepcionistas de hotel con cara de asco, con todo a un paso y con la posibilidad de hacer snorkel o buceo en un lugar privilegiado, Khao Lak es una magnífica opción.

Read Full Post »

Ko Phangan es la meca del turismo cutre mundial de menos de 25 años. Y una isla muy bonita. Todo aquel que sea feliz pagando el precio de un hotel por un cubículo de paja con un baño apestoso, no sea muy exigente con la música de los bares y adore dormir la resaca de whisky tailandés en la playa, ha encontrado aquí su paraíso: Hat Rin, en la punta sur de la isla, la sede de la mundialmente famosa “Full Moon Party”. Lo cierto es que ni siquiera ha de esperar a la luna llena, cada día hay fiesta. Lo que a día de hoy diferencia la teóricamente original, la que se celebra los días de luna llena, es que hay más gente, todo es más caro y los ladyboys roban más carteras. Porque cuando se te acerca un ladyboy y te suelta “hi, baby”, en lo último que piensas es en tu cartera. Por eso, es prudente salir sin documentación, de esa forma sólo se llevan la pasta. Como me ocurrió a mí. Unos 100€.

Pero, volviendo a Ko Phangan, sería muy injusto juzgar toda la isla por lo que caracteriza a sólo una punta. El turismo cutre de bañador, bucket de Samsoong (el whiskey tailandés a 5 € el cubo), hamburguesa y nachos viendo “Friends”, por fortuna, se concentra en Hat Rin. El resto de la isla queda libre. Alquilar una moto y explorar la isla en busca de algún alojamiento especial, en vez de instalarse en Hat Rin es lo más recomendable. Lugares como Ban Mae Hat, un pueblo de pescadores en la parte norte de la isla con una playa preciosa y bungalows que llegan hasta el mar, o cualquiera de los apartamentos y bungalows a lo largo de las playas de Hat Salat y Hat Yao, en el lado oeste, son sitios donde uno puede alejarse verdaderamente de todo y disfrutar de paz y tranquilidad sabiendo que si algún día le apetece salir, sólo tiene que buscar un tuk tuk y que le lleve al lío.

Y el lío es la “Full Moon Party”. El origen de esta fiesta, la mayor fiesta en una playa a nivel mundial, viene de 1.985, cuando Tailandia aún era un paraíso de mochileros y aventureros. La primera fiesta congregó a 35 personas según Wikipedia, hoy asisten entre 20.000 y 30.000. El escenario de la fiesta es la playa de Hat Rin Nok, una larga y ancha franja de arena blanca, plana y adornada con las long-tail que te llevan a las playas sin acceso por tierra, de unos 2 kilómetros de largo y orientada al este. No sé exactamente a qué hora empieza la fiesta, en la playa hay gente todo el día, pero a las 12 ya está prácticamente llena. En la parte en que comienza la playa y a lo largo toda ella se extienden los bares y puestos de bebida, en ordenadas hileras, en los que las guapas camareras tailandesas se disputan a gritos a los clientes que pasan por delante, enseñando cartelitos con lemas tales como “free sex”, “fuck me” o simplemente  “free shots”. En el mismo cartelito, en pequeño, también pone “tomorrow”.

Junto a los puestos de bebida, se instalan puestos de venta de collares, gafas o sombreros de broma y otros, una tradición, en los que la gente se pinta el cuerpo con banderas o mensajes en colores fluorescentes. Es una pintura que no se quita, por eso en todos los hoteles, sin demasiado éxito, advierten de no ponerla en la ropa. Sin embargo, todo el mundo va pintado como un hooligan. Para que no decaiga la fiesta, a lo largo de la noche van sucediéndose “espectáculos” para la entusiasta clientela falang tales como saltar sobre una cuerda ardiendo, tratar de imitar a los malabaristas tailandeses con las cadenas de fuego o lanzarse por un tobogán con aceite. La gente se quema el pelo, las piernas, se golpea con las cadenas…recuerda un poco a San Fermín. Pero no sólo hay falangs, también hay prostitutas tailandesas y ladyboys, que hacen su agosto en el evento. Por cierto, y hablando de ladyboys, es increíble pero realmente es difícil distinguirlos de las mujeres. Dani y yo creemos que la única manera fiable de saber con quién estás hablando es comparar el tamaño de los pies. Si tu pie es el doble de grande es una chica, si no, NO. En fin, a medida que pasa la noche, la playa se va vaciando y la gente se vuelve cada vez más comunicativa (aunque cada vez entiendes menos) y se lo pasa muy bien. En nuestro caso, la verdad es que hasta el tercer cubo de whiskey no empezamos a verle la gracia. Luego ya, da un poco igual. Eso sí, y esto es lo mejor de todo, a las seis de la mañana puedes ver salir el sol rodeado de los pocos supervivientes que siguen en pie. Porque la playa, sin nadie, es preciosa.

En definitiva, que del espíritu “rave” de la “Full Moon Party”, como tantas otras cosas en Tailandia, queda ya poca cosa. Hoy es más parecido al ambiente de un campo de fútbol. Con cualquiera de los miles de videos de YouTube uno tiene bastante.

 

Read Full Post »

La bahía de Ao Phang-Nga separa las provincias de Pukhet y Krabi en una secuencia de parques naturales terrestres y marítimos, sin urbanizar, poblados de islas, fauna local y con una vegetación que llega hasta el mar. Es un paisaje verde y furtivo, con escarpadas formaciones de roca kárstica que se adentran en el mar formando pequeños islotes y canales de agua envueltos de manglares que arrastran sus raíces sobre el agua, un paisaje de aguas turbias e islas de piedra gris que emergen sobre el agua y entre las cuales, como ancladas en otro tiempo, se establecen pequeñas y olvidadas aldeas de pescadores construidas sobre pilotes de madera. Y entre todas las islas de karst, una especial, la llamada “Isla de James Bond”, un islote vertical con una forma de cono invertido muy llamativa y que aparece en la película “The man with the Golden Gun”. La zona es una pequeña maravilla natural que, sin embargo, carece de la infraestructura necesaria para disfrutarla. Porque los tours organizados por las agencias tailandesas son bastante deprimentes, demasiada “actividad” y poco gusto.

 

Como decía, es una zona para amantes de la naturaleza y de la sencillez, ya que no hay resorts ni playas extensas. De hecho, la mayor parte de la gente hace una excursión de un día y vuelve a su hotel en la playa, ya que el único alojamiento que puedes encontrar, o bien es una tienda de campaña, o bien es una habitación en alguno de los pueblos de pescadores. Curiosamente, aunque no es la única comunidad en Tailandia, se trata de pueblos musulmanes, donde los hombres llevan gorritos cuadrados, las mujeres velo y todo el mundo pasa bastante de ti. Nuestra primera intención era dormir precisamente en uno de esos poblados pero la combinación de un día nublado de tour con zoo y kayak incluidos, más la visión de los restos de basura entre los pilotes que soportan las casas (al ser estación seca, el agua no llega más que a la mitad de los soportes), y la extraña coincidencia de que cuando llegamos todo el pueblo estaba celebrando un entierro con el muerto medio descubierto en mitad de la plaza central, nos hizo cambiar de opinión. No obstante, en un día soleado y sin tanta actividad entre medio, es un buen lugar para visitar en un día desde Phuket o Krabi.

 

 

Y ahora, ya que esta entrada no tiene mucha más historia, aprovecharé para hablar de los transportes en Tailandia y presentaros a “Big Waves”.

Empiezo por Big Waves (BW). BW es un tipo flaco y alargado, más bien alto para Tailandia, con el clásico bigote tailandés y una mirada nerviosa y esquiva. Es escurridizo al hablar y tiene esa curiosa habilidad del piratilla tailandés para no ofrecer ningún tipo de confianza. Trabaja en PP Services, la agencia de viajes que debéis evitar a toda costa y tiene una “sucursal” en su propia casa. Yo tuve la suerte de encontrarme con él dos veces, una con Dani y otra solo, la segunda toda una sorpresa para ambos.

Respecto a los transportes, el hecho que caracteriza un viaje por Tailandia son las furgonetas y las etiquetas. Cada traslado que hagas supone varias furgonetas. Por ejemplo, para ir del puerto a un autobús para un viaje por carretera, o simplemente de tu hotel al puerto, lo más probable es que pares y cambies de furgoneta. Si combinas varios transportes, barco-autobús-barco, entonces ya es un festival de cambios. Y de etiquetas. Porque las agencias agrupan a los turistas, como ganado, en puestos intermedios donde aprovechan para venderte comida (la peor de toda Asia). Ahí es donde te etiquetan y te dejan esperando a la nueva furgoneta. Y tratan de escaparse cuando preguntas qué haces allí. Lo cierto es que tanto los viajes por carretera como por mar, los trayectos largos, me refiero, son bastante aceptables. Ninguna queja. Es la organización “intermedia” lo que supone un misterio. Aunque los turistas parece que lo aceptan con bastante resignación, lo cierto es que nadie sabe qué está pasando. No sabes por qué llevas una hora esperando una furgoneta para ir al puerto (que está a 10 kilómetros), o por qué unos van antes que otros al puerto si todos vamos al puerto. Y después de darle algunas vueltas creo que la explicación que da sentido al misterioso ir y venir de furgonetas es la siguiente: la agencia no compra hasta el último momento los billetes que, por supuesto, tú ya has pagado. Agrupan a todos, esperan al último, y entonces los compran. De esta forma se queda con el dinero de los que no se presenten o se pierdan con su etiqueta por el camino. No habría problema si no fuera porque esta forma tan curiosa de trabajar tiene un pequeño riesgo: que se acaben las plazas.

Y ahí tenemos a BW de nuevo, en su agencia-casa, que nos dice con una amplia sonrisa que nos sentemos en las sillas de plástico y que si queremos comer o beber algo (pagando, claro). Venimos de Pukhet y después de un ferry, varias furgonetas, un autobús y de nuevo otra furgoneta, ya sólo nos queda ir al puerto y tomar de nuevo un ferry para llegar a Ko Tao. Además de algunos miembros de su familia, estamos una pareja de ingleses, un tipo de Malasia y nosotros.

—¿A qué hora sale el barco?—pregunto al cabo de veinte minutos de espera. BW no contesta. Insisto.

—Sí, sí. No hay problema.

Enciendo un cigarrillo y Dani se dedica a mirar una moto que hay aparcada en la acera. Comentamos que los diseños que las marcas japonesas hacen para Asia son mucho más bonitos que en Europa y, mientras, la sobrina de BW corretea por la tienda. Buen rollo. Pasa el tiempo y no pasa nada, veinte minutos más. Ya ha oscurecido. Voy al otro lado de a calle a curiosear. No sabemos exactamente donde estamos aunque es Surat Thani, y parece una zona intermedia de la ciudad, bastante cutre. Hay una tienda de uniformes de policía donde también venden pistolas, esposas y material antidisturbios. ¿Quién lo compra? No lo sé. Veo que BW habla por teléfono y vuelvo. Ahora está hablando con la pareja de ingleses, encorvado y con los puños sobre la mesa. Una postura para decir cosas importantes y, por sus caras, nada bueno. Nos toca a nosotros.

—Lo siento pero me acaban de decir que no hay ferrys hoy. Mañana.

—¿Cómo que no hay ferries?—pregunto, sabiendo que la respuesta será extraña.

—Pero os puedo proporcionar alojamiento muy barato, 10 €, es un amigo. De confianza. Y mañana a las 7 sale el ferry.

—¿Por qué no hay ferries?—insisto. Hemos leído que para llegar a Ko Tao se puede salir desde dos puertos, y que hay varias compañías. Además, tenemos un billete. No entendemos nada.

—Big Waves, sir

—¿Big waves?

—La lluvia, sir, olas muy grandes, el barco no puede navegar. Lo han suspendido hasta mañana. Mañana seguro.

Hablamos entre nosotros. Dani dice que el hecho de que llueva (ha estado lloviendo) no hace olas, las olas vienen con el viento. Y no hay ni brisa. El mar es otra cosa, es cierto, pero ir al día siguiente supone no viajar de noche y perder todo el día en un barco (8h de trayecto). Le preguntamos si hay barcos que salgan del otro puerto.

—No

Le enseño la Lonely Planet donde dice que hay barcos desde los dos puertos, cada día, cada noche. BW empieza a molestarse.

—Está muy lejos ese puerto, nadie os llevará. Y no hay barcos.

—Mire —interviene Dani con tono conciliador— es que nosotros tenemos que llegar hoy a Ko Tao, sea como sea, nos gustaría probar a ver si desde el otro puerto sale alguien.

—Está muy lejos. Yo no os voy a llevar.

—Ok, pero ¿cuánto cuesta llegar?—sigue Dani.

—Nadie os llevará.

—¿Cuánto?

—Uuuuh, muy mala zona. Yo no os lo aconsejo. Mirad —y se acerca al malayo que sigue con bastante desgana la conversación y lo coge por el hombro—. Éste es mi hermano de Malasia. ¿Vosotros creéis que yo le mentiría? No hay barcos. Os puedo enseñar el hotel y, si no os gusta, escoged uno vosotros.

El “hermano” de Malasia no dice nada. Aparece una nueva furgoneta y se lo lleva junto a los dos ingleses. Les hemos sugerido que nos parece que no dice la verdad y que si quieren probar a ir al puerto pero no quieren problemas.

—Es el mar —añade BW, y se aleja—, nadie es responsable.

—Creo que iremos al puerto, gracias—responde Dani.

—¿Estáis seguros? —responde BW.  Y hace un gesto como diciendo “no sabéis lo que os espera”.

Nos sentamos y planeamos con la guía, buscamos el nombre del puerto. Está en la ciudad. Mientras, BW empieza a bajar las rejas de la tienda. Encima nos está echando. Se acerca.

—Mañana me levanto 4 de la mañana, me voy a dormir.

Nos lo quedamos mirando porque son las 7 de la tarde. Decidimos ir a tomar una cerveza y preguntar. Según la guía el ferry sale a las 11.

—¿No queréis hotel?

—Que te den (en español).

Después de la cerveza paramos un tuk tuk y le preguntamos por el precio por ir al puerto. 2 €. Al cabo de cinco minutos estábamos en el puerto. Al cabo de quince, teníamos billete en el ferry y dos horas para cenar. Según el tipo que vendía los tickets, el mar estaba muy tranquilo.

A BW me lo volví a encontrar, cómo no, en un cambio de furgoneta,  volviendo de Ko Phi Phi, ya sin Dani. Al principio se descolocó un poco pero cuando vio que no montaba ningún pollo se tranquilizó. Mientras le pedía que nos devolviera el dinero del ferry de las big waves me iba diciendo, “speak, speak”. Un encanto. Eso sí, la culpa fue de su jefe, según me aclaró.

 

 

Read Full Post »

La suerte que tiene Ko Tao es que es difícil de llegar y que, por sus características, una isla abrupta y rocosa, con una vegetación frondosa que llega hasta el mar, no tiene mucha playa. Todo ello hace que tenga un tipo de turismo un poco diferente al de sus vecinas Ko Samui y Ko Phangan. La primera está dedicada a los resorts, la segunda vive del turismo cutre que mencionaba en Ko Phi Phi. Sin embargo, Ko Tao tiene un turismo más equilibrado: buceadores, mochileros, hippies, familias y turistas normales. Una mezcla pacífica en un lugar donde uno puede disfrutar de un buen equilibrio entre calma y actividad, con un ritmo lento y dulce, reposado. Y donde disfrutar de un paisaje espléndido, casi salvaje, de carreteras encharcadas, palmeras y caña de azúcar, con colinas embarradas que suben y bajan a lo largo de la isla entre arrecifes y playas solitarias. Una isla de reggae y de malabaristas con antorchas, de lanchas de buceo y de hamacas sobre la playa. Un lugar donde podrías quedarte.

Ko Tao significa literalmente “Isla Tortuga” nombre que, como en su célebre homónima caribeña, también viene referido a la forma de la isla. Aunque me parece que no tiene la misma historia, real y literaria, de refugio de piratas. Lo cierto es que hay un “barco pirata” que hace un recorrido por la isla y que  mucha gente lo menciona en folletos y blogs e incluso hay varias escuelas de buceo con nombres como “Pirates Divers”. Sin embargo, yo no soy capaz de encontrar un texto donde se mencionen. La única referencia a Ko Tao, la hallé en el diario de un navegante inglés del s.XIX en el que se cita la vida en la isla como “granjas y vacas”. Cosas del marketing.

Como decía, Ko Tao es una isla redonda, con dos principales puntos urbanizados, el puerto y, un par de kilómetros al oeste Sairee, que tiene una playa alargada y magnífica donde los bungalows, extrañamente bien ordenados para Tailandia, llegan casi hasta el mar. Allí nos instalamos, en unas cabañas más o menos aceptables con un restaurante-chill out en la misma playa. El personal tenía esa actitud medio ida, como de un cansancio insoportable, tan clásica de los habitantes de algunas islas, pero la verdad es que los sofás del restaurante, a dos metros del agua, en una estrecha franja de playa donde apenas pasaba nadie, te hacían olvidar rápidamente cualquier inconveniente. También había una especie de gimnasio para hacer yoga, una práctica muy extendida entre algunos de los turistas que transitan por Tailandia y que en Ko Tao se adapta muy bien al “carácter” de la isla. Dejando Sairee y yendo hacia el sur de la isla está  Chalok Baan Khao, un lugar donde alejarse de las multitudes y con hoteles de un nivel un poco más alto. Muchos de los habitantes de la isla tienen sus casas instaladas a lo largo de la carretera hasta allí. Y hasta ahí llega el asfalto. En el resto de la isla los accesos son carreteras de tierra, con suerte, o simplemente estrechos caminos donde la lluvia dibuja los baches, con constantes subidas y bajadas que hacen que la única forma de transitar sea en moto o en quad.

La verdad es que Ko Tao es una isla donde se puede disfrutar de muchas maneras. Por un lado puedes alquilar un quad (8 USD) y tratar de no matarte al recorrer la isla, que siempre es divertido, o bien contratar alguna excursión de buceo. Porque la principal actividad de la isla es el buceo. Inmersiones de entre 15 y 30 metros, no muy complicadas y con una gran vida submarina. No es un destino para profesionales del buceo pero para los aficionados es un buen lugar donde aprender y disfrutar. La vida nocturna de la isla mantiene su ritmo lento y relajado, algunos chiringuitos y bares a lo largo de la playa de Sairee pero sin grandes esfuerzos por atraer gente, sin masas de borrachos en bañador, sin apenas prostitutas, sin agobios. Parejas admirando a los malabaristas con sus cadenas de fuego y algunos grupos de turistas bebiendo juntos, algún hippie despistado y mucho extranjero afincado en la isla. Es un lugar donde uno se lo pasa bien.

Para llegar a Ko Tao se toma un ferry de 8 horas en la ciudad de Udon Thani. Hay diferentes tipos, pero os aconsejo que lo contratéis directamente en el puerto y que sea nocturno. Para ver donde vais a estar metidos 8 horas y, como veréis en la próxima entrada, para evitar problemas. Esta es una imagen de nuestro ferry nocturno.

Finalmente y como anécdota que figura en todo blog, decir que yo también perdí mi mochila. En concreto me la dejé en la pick up del taxista que nos llevó al hotel. Lo que ya no es tan clásico es que en la mochila lleves un ordenador, un IPAD, una cámara de fotos y 2.000€. Lo menciono únicamente porque creo que eso le dio un punto más de intensidad. Afortunadamente, Dani supo manejarlo, yo, la verdad, estaba algo paralizado, y encontramos al taxista en el puerto. Y la mochila seguía allí. Con todo. Cosas de Tailandia.

 

Read Full Post »

“No vayas a Pukhet ciudad, está lleno de prostitutas”: Esta es una frase muy común que se suele escuchar entre los turistas que transitan por Tailandia. Y seguramente en un pasado fue así. Hoy no estoy muy seguro, nosotros no las vimos. De hecho Pukhet ciudad es el único lugar de Tailandia (excepto Khao Lak) donde hemos estado en bares sin absolutamente ninguna prostituta. Ni una. No quiero decir que no las haya, simplemente que puedes elegir. Y es que yo creo, especialmente en Tailandia, que las prostitutas van donde van los turistas y no a la inversa. Esta entrada ira un poco de esto, forma parte de Tailandia. Es decir, que cuantos menos turistas veas, más cerca estarás de la Tailandia autóctona. Si es que eso te interesa. Pukhet es lo suficientemente grande como para salir a cenar o a tomar una copa y estar sólo con tailandeses y algún turista despistado. Eso sí, en una proporción, yo diría, de 50 a 1. Y entre copa y copa, en uno de esos bares, entre toda la muchedumbre de tailandeses que ni te miran, una chica con una camiseta blanca y un mensaje escrito en letras negras muy llamativo: “Only Thai”. Eso es Tailandia hoy. Una pena.

Phuket es una isla y a la vez una ciudad, un aeropuerto y un puerto. Si vas de vacaciones a Tailandia normalmente acabas pasando por Pukhet. La isla tiene unos 100 km de diámetro y ofrece todo tipo de posibilidades en hoteles, playas y ocio. En mi edición de Lonely Planet, después de elogiar la isla como una maravilla de aguas turquesa y playas prístinas, con hoteles entre los mejores del mundo —y es cierto—, mencionan al mismo tiempo que la isla está por convertirse —en una bromita que ya he leído más veces en la omnipresente guía— en una especie de “Costa del Farang” (“Farang” es turista en el Sudeste asiático; “Costa” es por nuestra Costa del Sol). También es cierto, y aunque nosotros sólo hemos estado de paso, sólo con decir que en Patong, el mayor enclave de playa y resorts, hay un gigantesco complejo para practicar el tiro con pistola creo que uno se hace una idea. No puedo decir mucho más de la isla, aunque hojeando cualquier revista de hoteles de lujo, uno verá siempre alguno en Phuket. Así que para aquellos que quieran disfrutar del lujo a tope, a precio razonable y con playa privada, Pukhet es una magnífica opción. Y de muy fácil acceso.

Volviendo a Phuket ciudad, la verdad es que nos gustó. Con un pasado importante como centro de comercio para los barcos chinos y portugueses que traficaban en el mar de Siam, la ciudad aún conserva vestigios de la arquitectura colonial portuguesa en las calles del centro. Arcos y soportales con la pintura a medio caer, casas coloniales de dos pisos reconstruidas con puertas y ventanas modernas, aceras altas y farolas de luz amarilla. Un leve recuerdo únicamente, pero al menos eso. Entre los soportales hay decenas de pequeños bares y restaurantes donde un sábado noche no verás un solo “farang”.  Únicamente jóvenes tailandeses cenando en mesas redondas mientras un grupo de música toca en directo. Una delicia sentarse entre ellos y disfrutar de otra de las características de Phuket: la mejor comida de Tailandia.

Para acabar esta entrada vuelvo al principio y aprovecharé esta entrada para hablar de algunas cosas relacionadas con la prostitución y las relaciones entre extranjeros y tailandesas. Porque una de las cosas que más llaman la atención en Tailandia es la gran cantidad de parejas “mixtas” que uno ve por la calle. No sólo en Tailandia, pero en Tailandia es donde es más llamativo. Lo primero que hay que decir es que en el budismo el sexo no se juzga, es una actividad más de las que forman tu vida. Y en Tailandia específicamente, que es uno de los centros del budismo mundial, además, no se le da mucha importancia. En otros países budistas como Japón o Camboya, por poner dos modelos muy diferentes, no es así, y son mucho más conservadores respecto a las relaciones sexuales. Lo que quiero decir con ello es que muchas de ésas parejas que pasean de la mano son normales, una obviedad que no lo parece tanto cuando uno llega y se encuentra el panorama en muchos bares. Porque, sin lugar a dudas, las llamadas “bar girls” son otro fenómeno del sudeste asiático que en Tailandia tiene su máximo exponente. Y un carácter un poco más confuso que en el resto de países, precisamente por la liberalidad respecto al sexo. Las “bar girls” son chicas que trabajan en bares “atrayendo clientes” (jugando al billar o simplemente hablando o tomando una copa con ellos, los negocios vienen luego) y algunas incluso están casadas o tienen novio tailandés. La confusión viene de que hay bares en que está claro de qué va el tema, pero hay otros en que no va de eso, por lo que no es fácil definirlas, es más bien una mezcla. Algunas buscan un marido, otras, simplemente diversión, y otras quieren dinero rápido. Si un turista les gusta, muchas veces no le pedirán dinero. Como, además, muchas tailandesas, aunque no trabajan en un bar ni son prostitutas, sin embargo también piden dinero al turista, el resultado es que a veces es todo un poco lío. La verdad es que es difícil opinar sobre este fenómeno porque, aunque por un lado está claro que si muchas chicas tuvieran las mismas posibilidades que nosotros no harían esto, por otro, es una salida mucho mejor que los infames burdeles gigantes que salen en la televisión. Una “bar girl” simplemente tiene que devolver al dueño del bar la parte proporcional de su salario (si es que cobra del bar) por el tiempo que abandone el bar. Nada más. El resto es su propio negocio, ella decide lo que quiere y cuándo lo deja. Sin amenazas, ni extorsión ni drogas.

Finalmente, un último detalle en realación a todo esto. Existe una interminable cola de “daddies” occidentales con graves problemas emocionales por haberse enterado que su pequeña, a quien envía dinero, en realidad vive con su marido tailandés desde hace diez años. Hay una web de Bangkok, montada por un americano y dirigida a los occidentales que resulta muy ilustrativa y que explica un poco el fenómeno y todo lo que he comentado: “Stickmannbangkok.com”. Además, ofrece servicios tales como  “verificar si la chica sigue trabajando en el mismo bar”, si “tiene marido, novio u otros novios occidentales” o averiguar si realmente está embarazada”. Por si alguien lo necesita.

Read Full Post »

“La playa” es un libro del escritor británico Alex Garland escrito en 1.996 y que pronto se convirtió en lectura de culto para muchos mochileros. La novela recoge entre líneas muchas de las experiencias del propio escritor como mochilero, y también es la base de la inverosímil película, por decir algo, que se rodó 4 años después dirigida por Danny Boyle (“Trainspotting”) y con guión del propio escritor. La película se rodó en Tailandia, concretamente en la playa de Maja Bay, en la isla de Ko Phi Phi Leh. Esta isla, donde sólo se puede acampar y no hay ningún alojamiento, forma junto con Ko Phi Phi Don, la isla habitable, el archipiélago de las islas Phi Phi. El estreno de la película en el año 2.000 supuso un boom para Ko Phi Phi, que desde entonces lucha contra las invasiones bárbaras, aunque al mismo tiempo, el eterno dilema del turismo, también ha supuesto un medio de vida para mucha gente. Lamentablemente, si la película se rodase hoy, seguramente el lugar del que escaparía el protagonista buscando un paraíso perdido sería precisamente de Ko Phi Phi.

Pero para ser justos hay que decir que, pese a ser ya una parada obligada de todo turista en Tailandia, la isla sigue teniendo su encanto. No se permite atracar barcos en el puerto y, aunque parece ser que hay bastante corrupción, los permisos de construcción son limitados. Hay un esfuerzo de la administración tailandesa por preservar y reconstruir la isla—el tsunami de 2004 la afectó gravemente — y, aunque no estoy muy seguro de que sea en la dirección adecuada, al menos es un modelo diferente al de otros lugares de Tailandia. Mucha gente dice que Ko Phi Phi ya no es lo mismo. Es posible, y seguramente cuando Garland estuvo aquí en los 90 aún fuera un paraíso (seguramente Tailandia lo era) pero aún así sigue teniendo lugares donde apartarse de todo.

La isla se compone de dos tramos de tierra, uno de ellos de forma alargada, unidos por  un istmo estrecho en el medio que es donde se concentra la mayor parte de actividad. En un lado del istmo está el puerto, sin playa, con restaurantes y casas bajas; y en el otro lado la playa de Ao Dalam, a lo largo de la cual se sitúan todos los chiringuitos-discoteca, en primer nivel, y, detrás, albergues, bungalows y apartamentos. La playa de Ao Dalam es realmente bonita, con una pequeña elevación de la arena unos metros mar adentro que hace que uno pueda andar cincuenta metros por el agua y volver a tumbarse en la arena al llegar allí. Por el día es un lugar agradable, donde tomar un daikiri mientras ves jugar a los tailandeses al vóley-futbol con una pelota hecha de hojas secas de bambú. Son unos fenómenos. Por la noche los chiringuitos se convierten en discotecas, más agradables y menos ruidosos cuanta menos gente hay, así que una buena idea es procurar no tener el alojamiento pegado a la playa. Entre la playa y el puerto está el pueblo, un horrendo maremágnum de cervecerías, salas de masajes, albergues baratos, restaurantes de mala calidad y todo tipo de locales cutres que hay que evitar a toda costa. Para disfrutar realmente la isla hay que alejarse del centro e ir hacia la parte noreste de la isla, incomunicada por carretera y donde sólo se accede en barco. A lo largo de la línea de costa, en 3 o 4 pequeños enclaves de playa, puedes encontrar hoteles y albergues de diferentes categorías. Desde allí es posible explorar las partes inhabitadas de la isla, apartado de todo el bullicio y con la posibilidad de encontrar un pequeño trozo de playa para tí.

Un punto esencial para disfrutar de Ko Phi Phi (de Tailandia) es la época del año en que llegas. La temporada alta ocupa diciembre y enero, así que en noviembre o febrero, que son dos meses también sin lluvias puede que sean los mejores (para aquí y para toda Tailandia). En diciembre y enero se puede ir pero hay que evitar llegar entre el 20 de diciembre y el 10 de enero. Es un horror. Nosotros llegamos sobre el 15 de diciembre, así que aún pudimos disfrutar de una relativa tranquilidad. Había alojamiento a un precio razonable y lo pasamos bastante bien entre “bucket” y “bucket” (en muchas playas de Tailandia hay la moda de servir los cócteles en pequeños cubos de playa, un bucket es eso: un cubo de bebida). Al llegar tuvimos algún problemilla ya que a nuestro “bangalow”, según los lugareños que habitan en la playa, “se lo había llevado el tsunami” (versión playera de “el templo está cerrado”) pero finalmente lo encontramos. Incluso tuvimos el privilegio de asistir a la fiesta de inauguración del complejo de cabañas de bambú con agujero en el suelo como desagüe de ducha: 18€. Un policía de la isla era el inversor principal, así que en plena “fiesta” a uno de los encargados se le ocurrió la gran idea de cogerle la pistola y pegar unos cuantos tiros al aire. En fin, nunca había visto disparar una pistola. Respecto a lo que decía de las fechas, yo volví a Ko Phi Phi para Fin de Año. Me pareció un buen destino como verbena. Al día siguiente estaba en Hong Kong.

A la “playa” de Maja Bay se accede contratando un tour o un viaje en “long tail”. La “long tail” es un tipo de barca de bajo calado y alargada, con la hélice al final de un tubo también largo, de hierro, la “tail”, muy típica del sur de Asia. Generalmente reciclan motores de coche (el nuestro era un exToyota), es bastante curioso. El tour cuesta unos 10 USD, si no recuerdao mal, y se contrata en el puerto. Además de la playa, donde aún se puede encontrar un trozo de arena libre, te pasean alrededor de la isla para hacer snorkel y ver la “Monkey Island”. Por cierto, los monos muerden.

Y finalmente, para acabar esta entrada, vuelvo al principio y a los mochileros. Además del tsunami de 2.004, Tailandia está sufriendo desde hace algunos años, no sé cuántos (igual siempre fue así) un nuevo tsunami: es el tsunami de lo que yo llamaría “mochileros botellón”. No me refiero al clásico mochilero que ves por Asia si no a otro tipo de viajero de bajo presupuesto. Una imagen: es un poco como si el público de Lloret se hubiera trasladado a Tailandia, pero contando con nuevas incorporaciones desde Australia y USA. Gente de entre 20 y 30 años y presupuestos mínimos y enfocados a bebida y diversión. Tipos en bañador que se alimentan de comida de “super” y cerveza y ven episodios retrasados de “Friends” en las pantallas gigantes de los bares. Sin ningún interés, creo, en el país que visitan y que no se relacionan con la gente local, es más, generalmente tiene un trato bastante despectivo y fanfarrón. Es una pena porque este tipo de turismo no hace más que degradarlo todo. Por un lado, rebajando la calidad y aumentando el precio del alojamiento y otros servicios, y por otro generando en los tailandeses  la visión del turista como un bárbaro al que, es comprensible, odian. La verdad es que da bastante mal rollo. Puede que parezca exagerado, pero la realidad es que allí donde no están, la gente local es mucho más amable y simpática con los turistas. Y no me extraña. Prácticamente todas las islas de Tailandia sufren este fenómeno aunque no en todos sus pueblos o enclaves turísticos, por eso hay que tenerlo muy en cuenta a la hora de escoger la localización concreta donde alojarte. La premisa es clara: evitar a toda costa los enclaves mochileros. Incluso aunque seas un mochilero.

 

Read Full Post »

Older Posts »